Al dirigir un Centro Odontológico es común que el Director General sea el mismo propietario. Esto no sería un problema si se conocen los alcances de cada cargo o cada acción por hacer en la empresa.
El ser inversionista no obliga a ejercer ninguna labor dentro de la empresa. Es básicamente el receptor de los saldos (sea positivo o negativo) al final de un periodo. Si es positivo el saldo, la recibe del modo programado. Si es negativo el saldo debe cubrir con aporte en efectivo o con valores o activos de la empresa. Si gana (al final del periodo) es el derecho de ganar por el aporte a la empresa, es su retorno de la inversión. Si pierde, es el riesgo que corre todos los inversionistas en el mundo al invertir en un negocio con fines de lucro.
Pero el ser Director General es un trabajo por el cual debe general y trabajo de horas definidas y por consiguiente con un sueldo que debe ser aportado por la empresa de acuerdo a sus funciones y tiempo de ejercicio de esa función. Lo mismo se da en el caso que sea administrador, director odontológico, director de finanzas, director de marketing, relacionista público, etc. Todo debe quedar definido en el MOF de la empresa. Así mismo el tener el derecho a estar definido sus horas de trabajo y dinero en compensación (como cualquier trabajador), tiene la obligación de presentar resultados favorables a la empresa. Estos resultados son medibles y cuantificados según el criterio de tener indicadores en toda la gestión del consultorio.
Lo que resulta muchas veces en una empresa Odontológica es que el dueño ejerce un cargo activo y crea que debe tener una compensación económica solo por ser el dueño, olvidando el trabajo real que ejerce y el no tener obligación de trabajar como inversionista. No gana por el cargo en que trabaja y cree que debe trabajar por el cargo que no tiene que trabajar. Eso es equivocado.
Debemos tener el concepto claro que nadie trabaja sin recibir remuneración.

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